La alegría del ciclista de distancias largas o Una obsesión saludable o !Viva el Tour!

He sido aficionado del deporte de ciclismo desde hace mucho tiempo. Recuerdo muy bien, igual que todas los ciclistas dedicados, la primera vez que fui capaz de montar en bicicleta sin las ruedas de apoyo de los pequeños. Los que me impresionaron indeleblemente fueron la velocidad con que pude moverme independientemente, la libertad y la alegría pura. Pues estoy a punto de cumplir 67 años dentro de una semana y sigo montando en bicicleta más que nunca.

Lo que me inspiró a montar más fue la compra de una nueva bicicleta el otoño pasado. Anteriormente pasé veinte años usando una bicicleta de estilo reclinado. El tipo que

parece como una silla de playa con ruedas. Se puede imaginarme pasando por las calzadas en una posición muy relajada con una pantalla de televisión en los manillares y una cerveza en el sostenedor de botella. Hay una foto debajo con la bicicleta que usé en 2004 para atravesar los Estados Unidos de San Diego, California a Orange Beach, Florida. Desde el Pacífico al Atlántico. En la foto aparecen unas personas que conocí en Coldspring, Texas. Había parado para pedirles si podía acampar en el patio junto a la Iglesia de los Metodistas Unidos. El pastor me dijo, -Absolutamente que no. Vas a alojarte dentro de la iglesia. Tenemos espacio de sobra y vamos a prepararles la comida a los pobres. Ya que no creo que hubieren otros, puedes ser nuestro invitado.- ¿Cómo puse decirle que no?

coldspring

A continuación el otoño pasado compré esta bicicleta:

IMG_2333

Lo hice porque iba a hacer un viaje de bicicleta a Cuba en febrero de 2016 y quería acondicionarme para tener éxito en la aventura de dos semanas. Después de comprar la máquina nueva, empecé a montarla y reencontré la emoción de andar por bicicleta en una manera más rápida y atlética, más o menos. De inmediato fui enganchado.

Hizo mucho mejor tiempo del que estamos acostumbrados el otoño pasado y me aproveché de las oportunidades para acumular casi 1000 millas de pedalear antes del fin de año. Cumplí el viaje a Cuba en el que hice más de 300 millas en bicicleta y después fui a California con mi esposa para pasar 4 semanas en marzo y abril. Anduve tantas millas allá que ella llamó al viaje “el campamento de bici”. Sigo acumulando las millas en cantidades abundantes hasta este momento en el principio de julio en el que he hecho más de 3.100 en el año 2016 con 234 en la semana pasada. Además he encontrado que mientras estoy acondicionado fisicamente, mentalmente me estoy acostumbrado a ir largas distancias también. Ahora una vuelta de 50 millas es coser y cantar o como se dice en América Latina, es pan comido.

O no pan comido, por lo menos posible con suficiente anticipación. Hay varias cosas para considerar.  Siguen varias:

Trato de planear una vuelta en una manera en la que tendré el viento en popa al regresar.

Llevo suficiente comida y agua para prevenir la sed y el hambre. Elijo alimentos saludables y digeribles como Clif Bars (una galleta de energía), Clif Shots (un gel de energía con cafeína), bananas, naranjas, bocadillos de mantequilla de maní y jalea y, Gatorade o algo así para rellenar los electrolitos y la energía.

Trato de evitar la lluvia y no empiezo un paseo en bicicleta si hay lluvia en el pronóstico del futuro inmediato pero aún me pillan las lloviznas y a veces los aguaceros.

Normalmente sé donde puedo usar un baño, un retrete portátil o por lo menos un árbol o campo de agricultura para evacuar la vejiga pero casi nunca las entrañas.

No me gusta mucho montar en grupos de muchas personas pero hay unos amigos que me acompañan a veces y eso puede ayudar en andar millas sin tanto conocimiento o preocupación.

Cuanto más pueda apagar la mente,  más rápido pasan las millas. Por eso uso las técnicas de Zen o de Eckhart Tolle quien escribió los libros El poder de ahora y Una Nueva Tierra para enfocarme en la respiración, los sonidos de los pájaros, la luz del sol sobre el pavimento y dejar pasar los pensamientos aleatorios que surgen de la mente sin prestar demasiada atención a cualquier cosa.

Para animar tal proceso de Zen vale la pena tomar dosis ocasionales de mariguana comestible de forma sativa. Esta suerte de mariguana es propicia para hacer actividades activas en vez de tumbarse en el suelo de la cocina en un estado catatónico para escuchar el motor del refrigerador. Me he aprovechado de este remedio las dos veces este año que monté en bicicleta una distancia de 100 millas. Después de pasar 50 millas tomé una dosis de 10 mg en la forma de un osito de goma y las cincuenta millas siguientes pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Ya había terminado la centena sin apenas darme cuenta. También en esas dos ocasiones estaba montando en un sendero de pavimento sin tráfico y podía escuchar música latina y me parecía que estaba a la mitad de un reventón…de fiesta, por supuesto y no de pinchazo de goma, afortunadamente.

Para concluir, lo fantástico ahora es que nos encontramos a la mitad del Tour de France. Por lo tanto aunque no vaya yo por las calzadas en bicicleta puedo mirar los ciclistas profesionales que corren a través del campo y las montañas espectaculares de Francia a velocidades inimaginables y espantosas, a veces estrellándose en maneras increíbles. Prefiero montarme en bicicleta pero si no puedo o si estoy haciendo un día de descanso o ya he terminado una vuelta, me encanta ver las emisiones del Tour que me inspiran a montar más.

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