Un asesinato brutal en un barrio quieto

Estoy acostumbrado a escuchar música, libros auditivos y podcasts mientras estoy caminando por los senderos cerca de mi casa. Las caminatas normalmente duran una hora y media, más o menos, y si no estoy dejando flotar al azar mis pensamientos o pensando en cómo decir cosas en español, me gusta pasar el tiempo mejorando mi habilidad de escuchar el idioma. Recientemente había estado disfrutando también de un podcast en inglés muy popular que se llama “Serial” que encontré en el sitio de NPR o National Public Radio.

Esta mañana escuché la parte 11 de los 12 episodios que se trata de un asesinato que se llevó a cabo en Baltimore, Maryland hace 15 años. Un muchacho, Adnan Syed, un estudiante musulmán en esa época de una escuela secundaria, fue condenado por asesinar a su ex novia, Hae Min Lee, también una estudiante de la misma escuela. Hoy en día Adnan todavía está en prisión.  En el podcast semanal, Sarah Koenig, una periodista americana, relata sus investigaciones del caso por entrevistas grabadas y sus propias observaciones. De semana a semana los oyentes, incluyendo yo, somos llevados a un circuito de opiniones con respecto a la culpabilidad de Adnan. En un momento la evidencia echa una sombra oscura de duda sobre su inocencia y en el próximo se cree que no pudiera haber posibilidad para nada que ese muchacho carismático, inteligente y popular matara a cualquier persona o incluso una mosca.

Vale, en el episodio del podcast de esta semana, Sarah estaba entrevistando a un psicólogo sobre no sólo las posibilidades que Adnan pudiera haber planeado el crimen sino también las acciones de los psicópatas en general y los crímenes de pasión. Durante esta discusión me acordé de un asesinato antiguo en el que yo conocía tanto a la víctima como al asesino.

A principios de los años ochenta, estaba trabajando como maestro en una escuela primaria en Ann Arbor, Michigan y entre mis amigos de esa época había una mujer divorciada, se llamaba Bárbara, quien también trabajaba en la misma escuela como yo. Ella tenía un estudiante, vamos a llamarlo Jorge, en su grupo de estudiantes, y, en un desarrollo muy extraño, ella estaba saliendo con el padre de Jorge, Mo Abrahams, que vivía separado de su esposa, Ginny. En este momento, tengo que admitir que después de tanto tiempo, no recuerdo perfectamente bien si el asesinato ocurrió mientras Jorge era el estudiante de Bárbara o el año siguiente. De hecho tuve que leer artículos del archivo del periódico Ann Arbor News para refrescar la mente sobre los eventos.

Conocí a Mo en la escuela y descubrimos que los dos disfrutábamos de jugar al ráquetbol. Mo era un hombre muy atlético, es decir jugaba fútbol americano con el famoso entrenador, Bo Schembechler, mientras asistía a la Universidad de Michigan.  Los dos empezamos a jugar partidos de ráquetbol y solíamos jugar en las canchas de la universidad. Dos o tres veces Bárbara se nos unió y en esas ocasiones, Mo me decía cosas muy raras y sexuales como: “el ganador podría tener a Bárbara como un premio”, una sugerencia siempre entregada con una sonrisa torcida. Me sentía muy incómodo pero lo tomaba como una broma mala y no le decía nada.

Yo no sabía muchos de los detalles de la relación entre Bárbara y Mo hasta que Mo asesinó a su esposa. Ginny había invitado a Mo para cenar con ella y su hijo en la casa familiar. Todo el mundo sabía que Mo estaba saliendo no sólo con Bárbara sino también con otras porque Mo solía jactarse de eso. Pues, lo que pasó fue que Ginny le dijo a Mo que ella estaba viendo a otro hombre y  Mo montó en cólera violenta. Ginny corrió por el garaje hacia el jardín en frente de la casa y Mo la siguió, recogiendo un mazo de 20 libras camino al garaje. Después de cogerla, Mo la golpeó dos veces en la cabeza con el mazo, matándola en plena vista de Jorge y un coche lleno de cinco monjas quienes estaban pasando por la calle. Se puede imaginar el impacto en la comunidad y la atención en los periódicos. Las noticias que siguieron eran incluso más difíciles de creer.

Unas pocas semanas antes del asesinato, Bárbara casi había hecho un cargo por intento de asesinato en contra de Mo. Al parecer ella estaba tratando de terminar la relación con él y él no estaba de acuerdo, por decir lo mínimo. Mo, un hombre grandísimo y un jugador de la línea ofensiva durante sus días de fútbol, la estranguló al punto de inconsciencia y después la forzó a conducirlo en coche hasta una tienda de libros para adultos. Cuando Bárbara fue a la policía para hacer una denuncia, agregó ella que Mo la había violado y atacado varias veces, pero milagrosamente, después de hablar con Mo Abrahams, entonces muy arrepentido, Bárbara  decidió que no iba a poner cargos en su contra. Varios días más tarde Ginny murió.

Estoy seguro que un psicólogo podría hallar muchos temas para analizar con tanto Mo como con Bárbara y, para finalizar este cuento, aquí está otro detalle bizarro: después de un par de años en la prisión de seguridad máxima en Jackson, Michigan, se casó Mo con Bárbara. No he estado en contacto con ninguno de los dos desde esa época o incluso escuchado sus novedades. No sé si Mo permanece en prisión o no. Lo que sé a ciencia cierta es que si Mo me llama para jugar al ráquetbol, voy a estar ocupado.

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