Perlas de oro

Ha habido muchos animales domésticos en mi vida, empezando, curiosamente, con un labrador negro llamado Bud. Desafortunadamente Bud encontró un fin triste después de tener un ojo rascado en una lucha con un gato y más tarde ser golpeado por un coche. Siguió una lista larga de animales que incluye una variedad de pájaros, un lagarto, un bebé cocodrilo que fue comido por el perro del otro lado de la calle, unos gatos, varios ratones y, por supuesto, más perros. Naturalmente invierto una parte de mí en todos mis animales y, en el caso de un perro, un setter irlandés llamado Kelly, invertí más que una parte de mí.

Originalmente Kelly era el perro de mi hermano y su esposa, pero después de dar a luz a su hija, me pidieron que yo tomara a Kelly porque ellos estaban cansados de remover el pelo de perro de la boca de su hija. Con mucho gusto estuve de acuerdo. En esta foto con otra mascota, una doberman llamada Rita, se puede ver que Kelly era un perro muy grande y creo que también es evidente que tenía una índole pacífica y un poco mentecata.

Kelly and Rita

A veces ese perro hacía que yo riera a carcajadas. Kelly solía dormir a los pies de me cama. La cama no tenía una armazón y los colchones yacían en el piso. Una mañana yo estaba despierto pero todavía no me había levantado. Estaba leyendo cuando oí el sonido de un pedo muy fuerte. De repente Kelly alzó la cabeza con una mirada asustada y confundida, como si hubiera oído un disparo, y me vio en busca de alguna explicación. No pude resistir amar a ese perro con tanta estupidez.

Mientras Kelly cumplía más años, tenía muchos problemas con la artritis. Yo pensaba que eventualmente yo tendría que poner fin a su sufrimiento y creí que ese momento había llegado un día cuando llegué a mi casa después de trabajar y encontré que Kelly no era capaz de levantarse. Tuve que levantarlo y llevarlo hacia arriba por las escaleras a la casa. Decidí que llevaría a Kelly al veterinario el próximo día para hacer lo que yo no quería hacer para nada. Excepto que, el día siguiente, ocurrió algo que me hizo cambiar de opinión.

La próxima mañana estaba saludando a mis estudiantes del quinto grado y una chica se acercó y me dijo “Mire, señor Todd. Mi padre escribió este artículo”. Bueno, su padre era un veterinario en la ciudad de Ann Arbor y el artículo se trataba de cómo algunos veterinarios estaban utilizando la acupuntura para tratar animales con artritis. No la forma de acupuntura con agujas sobresaliendo del paciente, sino una forma en la que el doctor inyecta perlas de oro en diversos puntos a lo largo de la columna vertebral. ¡Sí que ocurren los milagros! Yo no había dicho nada a mis estudiantes sobre los problemas de mi perro viejo y esa estudiante me estaba trayendo maná caído del cielo. No había otra opción. Tuve que consultar con su padre lo cual hice y no me dio ninguna promesa sobre milagros pero me dijo que habían habido muchas cirugías exitosas que había extendido las vidas útiles de muchos animales.

La cirugía me costó casi mil dólares, una cantidad no insignificante, especialmente en los años setenta con el sueldo de un maestro joven. Pero estoy muy contento de que lo hice. La vida de Kelly se mejoró un poco y vivió otro año más. Ahora Carolyn y yo vivimos sin mascotas y disfrutamos la posibilidad de viajar cada vez que nos gusta sin hacer arreglos para los animales. También, no tengo que verter más lagrimas. Mi único lamento es que las perlas de oro quedan enterradas.

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