Una caminata por la selva

Dos hombres, Raúl y Jorge, caminaban en una selva. Debido al hecho que habían tomado muchas cervezas la noche anterior, Raúl tuvo que orinar después de haber ido solamente un kilómetro del pueblito en que se estaban quedando. Mientras Raúl estaba aliviándose, Jorge estaba de pie cerca de un acantilado pequeño, disfrutando la vista.

 Súbitamente, Jorge oyó un grito de pena muy fuerte y corrió hacia su amigo para ver lo que había pasado. ¡Qué barbaridad! Lo que cuelga del extremo del pene de Raúl era una culebra. Y no justamente cualquier serpiente, sino la serpiente coral muy venenosa.

 <<¡Rápido, mi amigo! ¡Corre para ayudarme!>>

 Con más rapidez que nunca, Jorge corrió por la senda de vuelta al pueblo, a la clínica de salud al lado de la taquería donde habían cenado la noche anterior. Irrumpió en la abarrotada sala de espera y gritó <<¡Ayúdenme! ¡Por favor! ¡Alguien ayúdeme!>>

 <<Cálmese, señor>> dijo la enfermera joven que estaba trabajando sola en la clínica. <<¿Cuál es su problema?>> Jorge le explicó la situación y entonces él escuchaba con mucho interés mientras que ella le decía que ella no podía salir de la clínica y que él tenía que correr de vuelta hacia su amigo y chupar el veneno de la mordida o su amigo se moriría.

 Sin perder tiempo, Jorge dejó la clínica y corrió de vuelta hacia su mejor amigo que ha conocido durante treinta y siete años. Mientras estaba corriendo pensaba en las muchas experiencias fantásticas que habían compartido. Los años juntos en la escuela. Los partidos de deportes. Las muchas fiestas y noches que habían pasado juntos tomando cervezas y tequila y ron. Por fin llegó a su amigo que estaba yaciendo en el suelo con mucho dolor y cada vez más débil.

 <<¿Qué te dijeron? Mi amigo. ¿Qué te dijeron?>>

 Jorge puso la mano en el hombro de su amigo, lo vio a los ojos y le dijo, <<Lo siento mucho, mi buen amigo. Pero, me dijeron que vas a morir>>.

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Una respuesta a Una caminata por la selva

  1. tito che de nicaragua dijo:

    Que mal amigo, yo no lo pensaria dos veces. Y sin necesidad que me lo diga nadie.

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