Algunas aventuras de un apicultor

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El fin de semana pasado estaba montando en bicicleta con dos amigos y uno de ellos contaba sobre las dos colonias de abejas que le acababan de llegar por correo el día anterior. Yo tenía mucho interés en sus comentarios porque hace treinta y cinco años fui un apicultor.

Me topé con las colmenas de abejas casi por accidente. Mi hermana, Carolina, y su esposo, Jaime, habían comprado una casa cerca de Detroit y junto con la casa venían tres colonias de abejas. Durante poco tiempo Jaime mantuvo las colonias pero tenía que buscar otro anfitrión para ellas por cuanto su vecino se había vuelto extremadamente alérgico a las picaduras. Afortunadamente, yo vivía en una casa rural sin vecinos alérgicos y pensaba que la apicultura sería un pasatiempo muy chido, así que estuve de acuerdo en tomar las abejas.

Se tiene que entender que no poseíamos ninguna idea de lo que estábamos haciendo y para colmo en esa época los dos éramos aficionados de la hierba o marihuaneros. Por eso no se necesita mucha imaginación para pensar en Cheech y Chong mientras está leyendo este cuento breve, del tiempo en que mudamos las colmenas de su casa a la mía. Esperamos hasta el anochecer cuando la mayoría de las abejas habían vuelto a las colmenas y entonces envolvimos las cajas en papel de alquitrán sufriendo muchas picaduras en el proceso. Las colmenas estaban en la parte posterior de la propiedad de Jaime y habíamos conducido una van, ninguno de nosotros puede recordar de quién, hasta las abejas. Levantamos con éxito las colmenas de madera a dentro de la van, pero cuando tratamos de manejar el coche hasta la calle, las ruedas se hundieron en la tierra suave de la primavera. No éramos capaces de ir a ninguna parte. Llamamos un servicio de remolque. Fumamos más marihuana mientras esperábamos que el camión llegara y el trabajador conectara las cadenas para jalar nuestra van del barro. No fue capaz de mover el vehículo para nada. Demasiado peso. Jaime y yo tuvimos que remover las colmenas de la furgoneta, esperar que remolcaran la van a la calle, y tuvimos que llevar las colmenas una por una a la furgoneta. Todo esto hubiera sido muy divertido si no hubiéramos sido picados tanto por las abejas que sí que estaban sumamente enojadas, pero ese no fue el caso. No sé por qué las abejas no continuaron sus ataques durante el viaje a mi casa. Tal vez fue el humo de marihuana en la furgoneta lo que las calmó.

Con mucha rapidez la apicultura se convirtió en un pasatiempo fascinante. El primer trabajo que tuve que hacer fue cambiar el humor de las colonias. Yo estaba en posesión de tres colmenas de abejas enojadas. Muy, muy enojadas. No podía hacer tareas de rutina con las colmenas sin sufrir ataques viciosos. Normalmente un apicultor puede dirigir unas cuantas bocanadas de humo al frente de las cajas de abejas y las abejas se vuelven muy tranquilas. Una explicación que he oído es que las abejas detectan un fuego y se empiezan a llenar con miel, anticipando un abandono de la colmena. Iguales que los seres humanos después de una comida grande, las abejas tienen muy poca energía y están más listas para dormir que luchar, con el efecto de volverse muy dóciles. Pero, mis abejas, no. El humo no tenía el efecto deseado. Me ponía el traje completo con overol, sombrero de paja, velo y guantes de cuero y yo acababa con decenas de picaduras, incluso a través de los guantes de cuero. Tuve que cambiar el humor y la manera de hacerlo fue reemplazar a la reina.

Había leído en una revista de apicultura sobre una clase de abejas conocidas como Midnight, o medianoche, que eran reconoidas como un tipo de abeja muy amable. A causa de que la duración de la vida de una abeja es cerca de 43 días, la única cosa que tuve que hacer fue presentar nuevas reinas a las colonias, y dentro de poco tiempo ellas tendrían actitudes mejoradas. Pedí por las reinas por correo y dentro de poco tiempo ellas llegaron en cajitas de madera del tamaño de paquetes de chicles. Las cajas contenían dos espacios pequeños con un caramelo entre ellos. Las abejas no aceptan una nueva reina si ya hay otra reina viva en la colonia. Por eso, tuve que sufrir muchas picaduras mientras estaba buscando en las cajas de abejas en busca de las viejas reinas. La reina no es difícil de encontrar, porque ella es más o menos el doble del tamaño de una abeja obrera y las obreras rodean a la reina, como si ellas la estuvieran señalando. Una vez quehabía localizado las reinas, tuve que matarlas con una herramienta de metal. A continuación el próximo paso fue colocar las cajitas con las reinas nuevas en el fondo de las colmenas. Mientras las reinas estaban comiendo el caramelo desde adentro, las abejas de las colonias lo estaban comiendo desde afuera y en el proceso ellas se estaban acostumbrando entre sí. Para el momento en que las abejas habían comido el caramelo la nueva reina había sido aceptada. Seis semanas más tarde era capaz de pasar tiempo con mis insectos amigos sin traje de protección o velo o guantes. Había paz en el reino.

Había una abundancia de experiencias fascinantes con las abejas. Disfrutaba manteniendo las colmenas y solía pasar mucho tiempo simplemente observándolas. Una vez estaba empezando a hacer alguna tarea de rutina y había removido la cubierta de metal. Debajo de esta hab´â una tabla de madera con una abertura en el medio que proveía ventilación. Encima de la tabla estaba una avispa. Yo no hacía nada sino observar mientras tres o cuatro abejas salieron de la abertura para comprobar lo que estaba pasando. Ellas se acercaron a la avispa pero no tomaron ninguna acción antes de regresar dentro de la colmena. Solamente unos segundos más tarde, decenas de abejas brotaron de las entrañas de la colmena por la abertura. Las abejas rodearon la avispa y la atacaron sin misericordia, picándola una y otra vez. Después de unos momentos, seguras de que la avispa no presentaba ninguna amenaza, las abejas llevaron la avispa lejos de la colmena, la dejaron caer a cierta distancia y regresaron a la colmena como si nada hubiera pasado. Sentí que fui testigo de un momento increíble en una batalla de la naturaleza que muy pocas personas tienen la oportunidad de ver. ¡Qué guay!

Por desgracia, solamente tuve las colmenas unos cuantos años. Como maestro, con los veranos de vacaciones, yo solía viajar durante los meses de verano y no era capaz de mantener las colmenas de manera adecuada. Un problema era que a veces en una colonia se desarrollan otras reinas al alimentarse una obrera con una sustancia que se llama “royal jelly” o “ jalea real”, y, abracadabra, la obrera común se convierte en una reina, similar a Cenicienta. Una colonia no es capaz de tolerar más de una reina y por lo tanto sobreviene una batalla con el resultado de que una reina se ve obligada a abandonar la colmena y ella se lleva cientos de abejas con ella. A sabiendas de que las colonias necesitan un gran número de abejas para sobrevivir el invierno, eso no era una situación ideal. Si yo hubiera estado en casa durante el verano, hubiera hurgado dentro de las colmenas y matado las reinas extras para prevenir la disminución de la colonia, pero yo solía estar lejos de las colmenas durante los momentos críticos.Terminé con la venta de las abejas y el equipo a un vecino, pero todavía miro atrás con afecto a mi vida como apicultor. Ojalá pueda ayudar a mi amigo con sus nuevos amigos insectos.

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