Nueva Zelandia: El Último Capítulo

Pues, Carolyn y yo hemos regresado de Nueva Zelandia, y dejaré que los libros de récords muestren que este viaje fue el mejor que hemos hecho. Desde el clima, la gente muy simpática y las vistas, hasta nuestras habitaciones, la comida y la transportación, todos estuvo perfectamente bien. Como si todo fuera sobre ruedas, como dice el dicho. Por supuesto he incluido muchas fotos para mostrarles lo que quiero decir, pero hablando de ruedas, comencemos con la conducción del coche en el lado equivocado de la carretera.

Naturalmente, cuando una persona va a un país en el que la gente conduce los coches en una manera diferente, hay mucha preocupación sobre una conclusión exitosa de esta experiencia. Hay pocas cosas que pueden empeorar más un viaje que un choque entre vehículos. No haga caso de la posible pérdida de la vida, las multas de las empresas de alquiler lo matarán. Por eso estaba un poco nervioso sobre manejar un coche en Nueva Zelandia. Muchas rutinas son muy difíciles de cambiar para un viejo y cuando estábamos sentados en el parqueo de GoRentals, me sentía muy incómodo. El volante estaba a la derecha en vez a la izquierda, los espejos estaban en posiciones diferentes, y me sentía como un cocodrilo en una fábrica de carteras mientras estaba poniendo el coche en marcha y dirigiéndolo hacia la calle.

Inicialmente había mucha conversación emotiva entre mi esposa y yo, especialmente en las rotondas, sobre dónde debía dirigir el coche o cuándo debía entrar a la rotonda, pero poco a poco me volvía más seguro y empezaba a disfrutar de la conducción. Parecía que la mayoría de las carreteras en la tierra de los Kiwis eran muy estrechas y torcidas. A causa de que las islas de Nueva Zelandia fueron formadas por volcanes hay una abundancia de montañas allá y muchas de ellas bordean muy cerca del mar. Por lo tanto inicialmente yo conducía con una velocidad muy baja tratando de evitar tanto las montañas como los otros vehículos con los que yo estaba compartiendo la carretera. Yo tenía tal fuerte agarre en el volante que mis manos empezaban a sufrir calambres. Pero, como ya he dicho, gradualmente me desarrollaba más confianza y eventualmente estaba conduciendo exactamente al igual que James Bond en esta escena de The Spy Who Loved Me, salvo por la moto, el helicóptero, las armas y la inmersión en el mar:

Well, Carolyn and I have returned from New Zealand, and let the record books show that this trip was the best we’ve ever done. From the climate, very nice people and views, to our rooms, food and transportation, all went perfectly well. As if everything is on wheels, as the saying goes. Of course I have included many pictures to show you what I mean, but speaking of wheels, let’s start with the car driving on the wrong side of the road.

Naturally, when a person goes to a country where people drive cars in a different way, there is concern about a successful conclusion to this experience. There are few things that can worsen a journey more than a collision between vehicles. Forget about the possible loss of life, the fines from the rental companies will kill you. So, naturally, I was a bit nervous about driving a car in New Zealand. Many routines are very difficult to change to an old man and when we were sitting in the parking GoRentals, I felt extremely uncomfortable. The steering wheel was on the right instead of the left, the mirrors were in different positions, and I felt like a crocodile in a handbags factory while putting the car in gear and heading toward the street.

Initially there was much emotional conversation between my wife and me, especially on roundabouts, about where to steer the car or when to enter the roundabout, but gradually I became more confident and started to enjoy driving. It seemed that most of the roads in the land of the Kiwis were very narrow and crooked. Because New Zealand islands were formed by volcanoes there is an abundance of mountains there and many of them border very near the sea. So initially I was driving at a very low speed trying to avoid both the mountains and the other vehicles that I was sharing the road. I had such a strong grip on the steering wheel that my hands were starting to cramp. But, as I said, I gradually developed more confidence and eventually was driving exactly like James Bond in this scene from The Spy Who Loved Me, except for the motorcycle, the helicopter, the various weapons and the immersion in the sea:

Pero, incluso con tanta confianza, había una condición a la que no podía acostumbrarme completamente, la señal de giro. En los coches americanos, la palanca está en el lado izquierdo del volante de dirección y, por supuesto, en Nueva Zelandia es lo opuesto. Así que en cada ocasión en la que yo quería indicar un giro, debido al maldito hábito, encendía los limpiaparabrisas y cuando quería limpiar el parabrisas estaba mostrando a todos que estaba a punto de hacer un giro no intencionado. Sé que tampoco era el único hombre que estaba realizando este error tampoco. De vez en cuando yo veía un coche con los limpiaparabrisas moviéndose frenéticamente atrás y adelante en un día de mucho sol y sabía que era otro americano señalando, “hola.” Con mucha tristeza, tengo que admitir que ahora llevo cuatro días de vuelta en mi casa y tengo el mismo problema, pero al revés. Estoy diciéndole “hola” a los Kiwis. Sí que es verdad. Es muy difícil enseñarle nuevos trucos a un viejo gringo.

But even with such confidence, there was a condition to which I could not get used to completely, the turn signal. In American cars, the lever is on the left side of the steering wheel and, of course, New Zealand is the opposite. So every time that I wanted to indicate a turn, because of damn habit, I turned the windshield wipers on, and when I wanted to clean the windshield, I  was showing everyone that I was about to make a unintentional turn. I know I was not the only man who was making this error either. Occasionally I saw a car with the wipers moving frantically back and forth on a very sunny day and knew it was another American saying, “hello.” With great sadness, I have to admit now that I’ve been back home for four days and I have the same problem, but in reverse. I’m saying “hello” to the Kiwis. Yes it’s true. It is very hard to teach new tricks to an old gringo.

Ahora, las fotos.

Antes de recorrer Milford Sound

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Milford Sound.

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Pingüino de cabeza amarilla que nos vimos en Milford Sound.

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Las cataratas de Sterling en Milford Sound.

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Unas focas.

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La estación de trenes en Dunedin.

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Los arcos de la estación y una bicicleta.

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Los servicios en la estación.

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El castillo de Larnach en Dunedin.

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La vista de la alta de Monte Cargill cerca de Dunedin.

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Las rocas de Moeraki. Aquí está alguna información que Wikipedia tiene sobre ellas: “Ocurren dispersos ya sea aislados o grupos de bloques dentro de un tramo de playa donde se han protegido en una reserva científica. La erosión por el oleaje de mudstone, que comprende base local y deslizamientos de tierra, con frecuencia expone incrustada piedras aisladas. Estas rocas son de color gris concreciones septarian, que han sido exhumados de la mudstone encerrándolos y se concentró en la playa por la erosión costera.”

Moeraki rocks. Here is some information that Wikipedia has on them: “They occur scattered either isolated or groups of blocks within a stretch of beach where they have been protected in a scientific reserve. Erosion by waves of mudstone, comprising local base and slides land, frequently exposes embedded isolated stones. These rocks are gray septarian concretions which have been exhumed from the mudstone enclosing them and concentrated on the beach by coastal erosion. “

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Algunas fotos de la destrucción que llevó a cabo durante el terremoto en Christchurch en el año 2011. Después de caminar alrededor el barrio en el que estábamos quedando, les preguntamos a nuestro anfitriones sobre la destrucción al azar de las casas. Ellos nos dijeron que las casas que tuvieron techos con baldosas de cemento sufrieron la mayoría de los daños. Hace sentido. Debajo están fotos de una iglesia y otros edificios.

Some photos of the destruction that took place during the earthquake in Christchurch in 2011. After walking around the neighborhood where we were staying, we asked our hosts about random destruction of houses. They told us that the houses that had roofs with cement tiles suffered most damage. Makes sense. Below are photos of a church and other buildings.

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La vista de la puesta del sol desde nuestra habitación en Christchurch.

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Kite surfing in Christchurch.

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Carolyn quería mucho que remamos en una chalana. ¡Qué estafa! Tuvimos que pagar cincuenta dólares por una vuelta que duró solamente treinta minutos y estuvimos forzados escuchar los chistes horribles del barquero.

Carolyn wanted very much to go punting. What a scam! We had to pay $50 for a 1/2 hour ride and were forced to listen to the punter’s terrible jokes.

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Este sendero de Godley Head, cerca de la playa de Taylor’s Mistake, se abrió recientemente y tiene no solo vistas increíbles, por supuesto, sino también baterías y puestos de observación que quedan de la segunda guerra mundial.

This trail at Godley Head, near the beach of Taylor’s Mistake opened recently and not only has incredible views, of course, but also batteries and lookouts leftover from the second world war.

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Mi reina en Kaikura. My queen in Kaikura.

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La región de Marlborough es conocida por su vino. Fuimos a una bodega cerca de Blenheim para probar tipos distintos de vino y almorzar. Compramos un Riesling delicioso.

The region of Marlborough es known for its wine. We went to a winery near Blenheim to taste different kinds of wine and have lunch. We bought a delicious Riesling.

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Si me preguntas, ¿cuál fue tu parte favorita del viaje?, estás pidiendo una pregunta imposible. Porque todo de la aventura pasó fantásticamente. Nueva Zelandia sí que es un país en el que podríamos vivir con muchísimo gusto.

If you ask me, “What was your favorite part of the trip?” You’re asking an impossible question. Because the whole adventure went fantastically. New Zealand really is a country in which we could live with great pleasure.

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